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Visión

Céntrate en lo que puedes hacer

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Debemos centrarnos en lo que podemos hacer, en lugar de aquello que no podemos hacer.

Antes de comenzar te contaré una anécdota que tuve de pequeña.
Resulta que, cuando tenía 10 años, en clase nos pusieron un examen de biología. Así que en casa me puse a estudiar. El ritmo era el siguiente: Me aprendía unos párrafos en una habitación, sola y luego, iba a la habitación de mi madre y ella escuchaba como lo decía de memoria.
Todo iba bien hasta que llegué a una página que me resultaba muy complicada. Lo que me tardaba 30 minutos se convirtió en una hora… y nada. Pasada esa hora no sabía nada de esa página.
Transcurrido ese tiempo, mi madre fue a la habitación en donde me encontraba y el diálogo fue el siguiente:
— Mi madre: Hija, ¿qué te pasa? ¿hay algún problema?
— Yo: Mami, no me lo aprendo -esto lo dije comenzando a llorar-
— Mi madre: Pero no llores, tranquila, no pasa nada -lo dijo con dulzura para luego darme un abrazo-. No te ahogues en un vaso de agua. Si se te complica esa parte, pasa a la siguiente.


Y fue entonces, cuando pasé página (literalmente) y me centré en lo que sí podía hacer. Cabe destacar que en el momento en el que le conté cómo me sentía a mi madre, sentí ¿paz? ¿empatía? ¿respaldo? ¿amor? Mejor dicho, una mezcla de todas ellas.

Para terminar con la historia y no dejarlos con la duda:
1) Me aprendí el resto de páginas en menos tiempo del esperado.
2) Aprendí junto a mi madre la página que se me complicaba.
3) Aprobé el examen.

En fin, ahora con tu permiso, comenzaré, con unas preguntas:
¿Fue linda mi madre? Sí, reaccionó muy bien.
Y ahora, ¿te imaginas a Dios reaccionando así? ¿Qué tipo de postura tomas tú cuando algo no te sale o no resulta como esperabas?

Creo que este tipo de situaciones suceden en nuestra vida muchas veces, ya sabes… Ese bloqueo en determinada situación, esa dificultad tan grande de dejar cierto hábito, lo imposible que te resulta renunciar a tu estabilidad, entre otros muchos ejemplos.
Así como me pasó con aquella página, posiblemente tú también te has sentido estancado.

Y la situación es fea, a nadie nos gusta vernos en ese momento.

Pero tenemos un Jesús. Y aquí es cuando todo cambia.

En medio de esos momentos, hay un Jesús que está contigo. De hecho, me lo imagino diciendo lo mismo que dijo mi madre, «Hij@, ¿qué te pasa? ¿hay algún problema?
No te ahogues en un vaso de agua. Si se te complica esa parte, pasa a la siguiente.«

Yo no sé tú, pero yo creo en un Dios comprensivo. En uno que entiende las situaciones y los momentos.
Tenemos un Dios que se centra en lo que se puede hacer primero, sin dejar de lado lo segundo.

«¿Jaque, por qué estás tan segura de esto?»

A lo largo de toda la Biblia vemos a muchos hombres y mujeres cometiendo errores. De hecho, a veces, errores tras errores.
Pero eso nunca hizo que Dios detuviera sus planes con ellos.

¿Te imaginas que el rey David, luego de haberse equivocado, se hubiera escondido de Dios debido a su carencia en determinada área?
NO.

Él no se escondió, él fue rápidamente a la presencia de Dios y abrió su corazón. Él sabía cómo afrontar estos momentos, acompañado.
Porque él creía en un Dios que lo amaba, él creía en un Dios que lo entendía y también conocía el poder de la sinceridad.

Otro ejemplo de esto, podemos verlo en Marcos 2, con los cuatro amigos.
¿Qué hubiera pasado si esos hombres se hubieran centrado en la cantidad de gente que había? El milagro no hubiera ocurrido.
Ellos en lugar de centrarse en lo que no tenían o en lo que les faltaba, se centraron en lo que tenían y podían hacer al respecto, por eso lo lograron.

En conclusión, yo no sé por qué tipo de situación estés pasando. No sé si te encuentras estancado o no, quizás con algo, con alguien o contigo mismo. Pero, quiero recordarte que hay un Jesús dispuesto a ayudarte. Sin caras largas, sin comentarios molestos, sin rencores.
Hay alguien que está con ganas de ser tu soporte en medio de estas situaciones y a la vez, te anima a centrarte en aquello que tienes y puedes hacer.
Así como la mujer viuda que solamente tenía una vasija de aceite, atiende a lo que Jesús te diga primero, aunque eso implique dejar aparentemente de lado lo que no tienes. Porque, sin darte cuenta, cuando tú te encargas de lo que él te pide, él está supliendo lo que a ti te falta.

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