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Corazón

Un corazón agradable para Dios

corazón agradable para Dios

Creo que todos en algún momento se han hecho la siguiente pregunta: ¿Cómo es un corazón que le agrada a Dios?

Y antes de responder esta pregunta, me gustaría aclarar algo que quizás la mayoría ya sabe, pero nunca está de más decir. (Puede que alguien se haga esa pregunta con intenciones equivocadas)

N A D A de lo que tú hagas, hará que Dios te ame más.
Orar más tiempo no hará que Dios te ame más.
Ir más seguido a la iglesia no hará que Dios te ame más.
Gritar más fuerte cuando están en la alabanza no hará que Dios te ame más.
Subir muchos versículos a tu red social favorita no hará que Dios te ame más.

Nada de eso hará que Dios te ame más, porque su amor por ti no está condicionado a algo que tú hagas. Su amor no depende de ti, depende de quién es Él y Él es amor.

Ahora bien, desde hace meses Dios me viene hablando acerca de este tema, porque así como tú, también me hice esa pregunta, ya sabes: ¿Cómo es un corazón que le agrada a Dios?
Y hace unos meses mientras leía «Diferente» de Lucas Leys, encontré una respuesta espectacular a esta pregunta.

Representación 1 – Dimensión de la conducta

Imaginemos que dentro de este círculo se encuentran 4 personas y en el centro del círculo está Jesús.
Si nos estuviéramos basando en las conductas, aparentemente, las personas 2 y 4 estarían más cerca de Jesús. Es decir, probablemente no dicen groserías, se encuentran sirviendo activamente en un ministerio de la iglesia, entre otras cosas.
Por otro lado, las personas 1 y 3 representan a las personas que se encuentran más lejos de Jesús, y eso podría significar que no se portan de una manera tan «correcta» como los anteriores. Puede que no ocupen un puesto de liderazgo dentro de la iglesia y que se les escape uno que otro taco de la boca.

Ahora bien, hemos visto todo esto desde la dimensión de las conductas, pero le agregaremos una segunda dimensión, la de las intenciones.

Representación 2 – Dimensión de las intenciones

Si vemos las intenciones, todo cambia, ¿verdad?
Hasta hace poco 2 y 4 eran los que estaban más cerca de Jesús, pero ahora podemos ver a un 4 que se está alejando de Él.
Por otro lado, 1 y 3 eran los que estaban más lejos, pero ahora vemos que el 1 tiene su corazón apuntando directamente hacia Jesús.

¿Y todo esto, qué significa?
Que desde el punto de vista de una conducta exterior, 2 y 4 son los más «santos» y el 1 y 3 son los que más luchan con el pecado.
Pero desde el punto de vista de las intenciones del corazón, 1 y 2 son los que tienen un mayor interés en agradar a Dios.

Vamos número por número.

1: Se encuentra lejos, pero apunta hacia Jesús: Puede que sea una persona que acaba de escuchar acerca de Jesús, alguien que luego de muchos años ha decidido volver o simplemente alguien que cometió un error significativo que marcó su vida.
Esta persona, a pesar de tener malos hábitos, vicios y consecuencias de sus malas decisiones tiene el deseo de amar a Jesús.
2: Se encuentra cerca y quiere permanecer cerca: Representa a la persona que ha tenido un encuentro con Jesús. No está ahí por comodidad, tampoco por cariño a las personas, mucho menos por aceptación o compañía. Busca a la persona que bendice, no a las bendiciones.
3: Se encuentra lejos y apunta lejos: Refleja a aquellas personas que puede que haya ido un día a la iglesia por no quedar mal con un amigo, pero está seguro de que no volverá a ir.
4: Se encuentra cerca y apunta lejos: Puede que esta persona no tenga vicios de forma natural, porque no le interesan, no significan una lucha para él. Quizás ha vivido toda su vida en la iglesia debido a que sus padres lo obligaron, pero está esperando el día en el que pueda ser «libre». Por otra parte, puede que esté por las bendiciones y una vez que las tenga se aleje. Incluso, puede ser esa persona que encontró dentro de la iglesia atención.

Y bueno, ahora, mi conclusión a todo esto.

Un corazón agradable para Dios es aquel que busca día a día estar cerca de Él. Uno que lo tiene como prioridad, por encima de toda situación, ya sea buena o mala.

No deja que la duda lo aleje. (Si duda un poco, se sacude la cabeza y sigue)
No deja que la culpa lo enfríe. (Si cometió un error, no se esconde, sino que habla con Él)
No deja que la incertidumbre lo detenga. (Si no sabe que hacer, pide consejo)
No deja que el miedo lo paralice. (Si está temblando, aunque tiemble, hace lo que debe)
No deja que la abundancia lo entretenga. (Si se entretuvo, se detiene y aclara su mente)

Y así podría seguir… Estos son algunos ejemplos que tuvo David, un hombre conforme al corazón de Dios.
David no fue perfecto, tuvo muchos fallos, como tú y como yo, pero él nunca dejó que esos fallos lo alejaran de la persona que significaba todo para él. Su corazón apuntaba hacia Jesús.

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